Hoy se debate sobre cómo el uso de los teléfonos inteligentes y otras pantallas modificará, en un futuro no muy lejano, nuestra anatomía. Se especula que las próximas generaciones nacerán con el mentón pegado al pecho o que los pulgares mutarán para facilitar el “texteo”. Más allá de esas exageraciones se habla del “exceso de pantalla” como si fuera una patología social. Desde la óptica del marketing y la comunicación es una realidad que hay que entender y aprovechar. El tiempo que dedicamos a las pantallas está en aumento y las marcas que no lo comprendan quedarán fuera de juego.
Según Ipsos Iris, estudio realizado en el Reino Unido, los adultos sumaron 140,8 horas adicionales de tiempo en pantalla en un año, alcanzando un promedio cercano a 5 horas diarias. La Generación Z pasa alrededor de 6 horas al día frente a pantallas y destina el 65% de ese tiempo a plataformas de video; los millennials han iniciado un “screen detox”, recuperando horas para otras actividades y elevando su nivel de exigencia frente a los contenidos online.
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